La resistencia no viene del espesor aislado, sino de las nervaduras internas que distribuyen el impacto. Una caja que se cae de una parihuela cargada vuelve a su forma, sin fisuras en las esquinas ni patas partidas. En almacenes donde el operario trabaja con guantes y a ritmo alto, ese detalle define cuántos contenedores sobreviven al año.